martes, 13 de febrero de 2018

LOS RELATOS DE VANESA. CAPITULO 3

LOS RELATOS DE VANESA
Capítulo 3




  << Buenas noches Rubia,
   Nunca he sido mucho de chupipandis. Os esperaré sobre el terreno para aprovechar y practicar el idioma, que lo tengo un poco oxidado.

   No tardéis mucho….

   Alejandro.>>

 
   Efectivamente, ahí estaba el mail.  Escueto, sin dar lugar a réplica y en el último momento, pero ahí estaba. Odiaba reconocerlo, pero cuando le vio en la puerta del hotel, suspiró aliviada. Por muy indeseable que fuera, era una de las personas clave del proyecto. Se duchó dejando que sus dudas y tensiones se marcharan por el desagüe y, tras hablar con Amanda para ultimar los detalles de su llegada al día siguiente a Rumphi, bajó para reunirse con el resto.

 
  El ambiente estaba de lo más animado, todos deseaban llegar al día siguiente a Rumphi y ponerse manos a la obra. Vanesa se contagió rápidamente del entusiasmo y tras una sabrosa cena decidieron brindar por el nuevo paso a dar. El camino a Rumphi se prometía divertido, con tres furgonetas con más años que colores y unas inexistentes carreteras que, dependiendo de la época del año, cambiaban de trazado. Uno a uno fueron despidiéndose y marchándose a dormir. Vanesa subió con Miriam y tras despedirse de ella entró en su habitación. Un millón de ideas y esperanzas querían acompañar sus sueños, pero la tensión vivida en el viaje ganó la partida y Vanesa no fue capaz de cerrar los ojos. Tras dar vueltas y vueltas en la cama incapaz de dejarse llevar por la cálida noche, abrió la ventana para respirar el aroma de su futuro. La noche era tranquila, salpicada de estrellas y sonidos de esperanza, una hermosa música se oía no muy lejana.  Reconoció el sonido del violín, parecía “David Garrett”, casi estaba segura de que se trataba de “Explosive”. La curiosidad pudo al cansancio y bajó de nuevo al salón del hotel.

  No encontró a nadie en las dependencias que hacía apenas una hora estaban llenas de vida y alegría. El silencio y la oscuridad reinaban en el hermoso salón estilo colonial. La música provenía de la parte trasera del hotel, parecía venir de los preciosos jardines que descansaban bajo el manto estrellado. Cual ratón en Hamelin, Vanesa siguió las notas pero no fue capaz de encontrar la fuente. Decidió sentarse en una gran roca que servía de división entre jardines para intentar ver su procedencia y escuchar la hermosa melodía. Cerró los ojos y se dejó llevar por el sonido melancólico y lleno de vida del violín que cada vez parecía más cercano. Al abrirlos lo vio, con sus ojos entornados y esa media sonrisa en la cara, era la viva imagen de la felicidad. Desnudo de arrogancia y altanería, era imposible no admirar su prometedor cuerpo y atractivo rostro. Observó cómo se movía al compás de las notas, que con maestría conseguía sacar a un violín que parecía una parte de su anatomía. Nada ni nadie parecía poder perturbar ese instante mágico.
  Vanesa se sintió como una niña traviesa que espía a su guapo vecinito y se sonroja cuando éste la descubre. Se recostó en la roca que en ese momento sintió tan cómoda como un lecho y sin quererlo se abandonó a Morfeo.

  Alejandro salió de su éxtasis particular y decidió dormir un rato. Como siempre hacía se levantaría al alba para admirar el aire de la mañana y dejarse acariciar por los primeros rayos de sol. Sobre una roca cercana a la entrada al salón le pareció ver un cuerpo tendido. Guardó con delicadeza a su compañero de andanzas y se dirigió hacia ella. Al acercarse pudo ver los rubios cabellos que enmarcaban el angelical rostro y sin pensarlo la tomó en brazos. La llave de la habitación estaba en su mano derecha, la cogió y la dejó descansando en su cama. Así, dormida, nada parecía indicar que fuera una mujer tan fría y dura como aparentaba en el día a día. Sentía que su relación no fuera buena y esperaba que en algún momento eso cambiara.

*******

  La mañana olía a desafío, Vanesa se despertó tras un sueño reparador.  Apenas recordaba cómo había llegado a su cama y prefirió no profundizar en ello, por miedo a las respuestas. 

  -  Buenos días.
  -  Buenos días Rubia, ¿has dormido bien?
  -  Perfectamente, gracias por preocuparte por mi descanso.
  -  De nada, un placer, sin duda.
  -  ¿Dónde está el resto?
  -  Han subido a por su equipaje. Las furgonetas están llenas de carburante y llevamos todo lo necesario para recorrer los cerca de 400 Km que nos separan de Rumphi. Hemos decidido coger la carretera del lago, la M5 que da algo más de rodeo, pero es menos complicada. ¿Sabes qué hora es?
  -  No, el reloj descansa en mi mesilla de noche.
  -  Pues te sugiero que desayunes rápido porque nos marchamos en quince minutos.
  -  ¿Eso quién lo dice?
  -  Lo has dicho tú, repásate el planning. Vamos Rubia, deberías dejar de trasnochar. 

  Alejandro se marchó dejando a Vanesa sin ganas de desayunar, pero ¡qué se creía! Desayunó rápidamente y subió a darse una ducha y prepararse para el viaje.

  Cuando Vanesa bajó, todos estaban ya esperando.

  -  Te hemos guardado un sitio en nuestro “cuatro latas”, dijo Miriam sacando la cabeza por una de las ventanillas del primer vehículo. ¡Vamos que nos vamos!

  Muy a su pesar, se sentó justo al lado del enigmático violinista que tanto la enervaba. Como se le ocurriera decir cualquier comentario fuera de lugar era capaz de dejarlo en tierra. Aunque su cercanía le contaba que nada podía salir mal. El trayecto a Salima fue acompañado de un extraño silencio, los tres vehículos circulaban sin problemas, pero cada uno de sus ocupantes iba absorto en el paisaje y perdido en sus pensamientos. Poco a poco la adrenalina fue haciendo mella en todos ellos y comenzaron los chistes, las historias y las ideas que cada uno llevaba en su mochila. Mkaika, después Nkhotakota y Nkhata Bay, apenas quedaban unos kilómetros para llegar a Mzuzu cuando recibieron el aviso por radio de Irene que iba en el último de los vehículos, habían tenido que parar. Una mujer embarazada se había lanzado literalmente sobre la furgoneta. Necesitaban a Alenjandro para poder entender lo que les estaba diciendo, parecía que había roto aguas, el parto era inminente. Dicho y hecho, en menos de lo esperado habían retrocedido y Alejandro estaba hablando con la muchacha, necesitaba llegar a Rumphi donde estaba su hermano. No consiguió entender bien las razones por las que se mostraba tan inquieta, debía ser algún dialecto local y Alejandro sólo hablaba chichewa. Pero decidieron avisar a Amanda para indicar que llegarían mas tarde de lo esperado y preparar a la joven para recibir al bebé que ya asomaba la cabeza. Alejandro y Vanesa atendieron a la joven, sus desavenencias manifiestas parecían desaparecer cuando de ejercer la medicina se trataba. Después de un par de horas y algún que otro problema resuelto con maestría, un hermoso niño descansaba en los brazos de Irene, que era incapaz de contener las lágrimas. La joven resultó ser una mujer valiente y fuerte, el parto la dejó exhausta y agotada se quedó dormida en la parte trasera de la furgoneta, que en unos segundos se había convertido en una improvisada habitación de hospital. Decidieron que ambos se irían con ellos, no sabían por qué huía con esa desesperación, pero su cuerpo mostraba las señales de una vida no del todo apacible. Se sintieron con la obligación moral de ayudar a la joven que dormía plácidamente tras haber hecho posible el milagro de la vida.

  El resto del camino transcurrió sin más sobresaltos. Pronto dejaban Mzuzu para dirigirse a la zona elegida para su hospital, cerca del Lago Malawi y del Parque Nacional Nyika. El atardecer decidió hacerse compañero de sus últimos kilómetros dando paso a una oscura noche. De pronto pudieron ver en la lejanía una tímida línea de luces. Habían llegado a su destino.

  Amanda les esperaba exultante, acompañada por un variopinto equipo que les acogió con verdadero entusiasmo. Vanesa y ella se fundieron en un esperado abrazo.

  - Qué ganas tenía de verte. Mañana te enseñaré todo con detalle, pero como puedes ver ya tenemos unas cuantas partes del proyecto en marcha, y algunas acabadas. Salif es una auténtica joya, tiene unas manos prodigiosas.  Sin apenas mirar los planos que Fernando había enviado fue capaz de poner las farolas en muy poco tiempo. La aerobomba está funcionando a la perfección y está diseñando un sistema para usar como depuradora que estoy segura que Fernando va a adorar. Está siendo todo bastante fácil, de momento, aunque hemos recibido alguna visita inesperada, ya te contaré.
  - Yo también estaba deseando llegar. Traemos dos invitados. ¿Tenemos alguna habitación habilitada en el hospital?
  - De momento sólo trabajamos en el dispensario que en el futuro servirá de almacén. Todos estamos en tiendas, son grandes y acogedoras, y tenemos de sobra.
  - Vamos…

  Amanda siguió a Vanesa hasta la furgoneta, donde el resto del grupo comenzaba a descargar todo lo que habían llevado. Irene salió de la puerta trasera con el bebé en sus brazos.

  - Dios mío, pero ¿qué ha pasado? ¿Es un bebé?
  - No, se trata de un muñeco. ¿Tú que crees? Pues claro que es un bebé, Amanda. Vamos, ven y tómalo en brazos es adorable.
  - ¿Dónde está su madre?
  - Descansa en la parte trasera de la furgoneta. Podemos llevarla a mi tienda, yo dormiré con ella y el bebé por si hubiera alguna complicación inesperada.
  - Por supuesto, avisaré a Salif y la preparará para los tres.

  Irene y Amanda, habían trabajado juntas en el hospital de Móstoles durante años. Se llevaban de maravilla, casi como si fueran hermanas, aunque a veces pareciera lo contrario. Con ayuda de Samuel y Victor, Salif instaló todo lo necesario en la tienda para poder acomodarlos. 

  Irene ayudó a la joven y al bebé a llegar hasta la tienda en la que Salif ultimaba los destalles. No habían sido presentados y cuando cruzó su mirada con esos ojos negros sintió una descarga que recorrió todo su cuerpo. Pero Salif apenas se percató de su presencia y repentinamente corrió a abrazar a la muchacha que comenzó a llorar desconsoladamente entre sus brazos.  Mantuvieron una conversación que Irene fue incapaz de entender, aunque por las expresiones de sus cuerpos imaginó que se trataba de algo doloroso para ambos. Al cabo de unos momentos, Salif se dirigió hasta Irene y tomó al bebé en brazos al tiempo que en un perfecto español le agradecía la ayuda prestada a su hermana. Acto seguido la abrazó y besó con efusividad. Irene fue incapaz de articular palabra.

  En la distancia Amanda observó la escena y supo que la enamoradiza Irene había vuelto a ser alcanzada por las flechas de cupido. Y no pudo evitar una sonrisa. A ver si esta vez tenía más suerte.

  Una vez acomodados en las distintas tiendas, llegó la hora de sentarse y satisfacer al hambre, la sed y la necesidad de noticias. La noche sació sus necesidades y al cabo de unas copas de champán para festejar que por fin estaban juntos, todos descansaban deseando que la mañana llegase.

  El violín no puso banda sonora a la noche, pero Vanesa, de nuevo, tardó en conciliar el sueño. Cuando el esquivo Morfeo comenzaba a abrazarla una sombra se dibujó en la pared lateral de la tienda…
 


  Y estas son las tres posibles opciones….

1.- Álex se presenta en su tienda, entrando sin llamar.
2.- Salif le pide ayuda, su hermana no se encuentra bien.
3.- Un grito despierta al equipo, algo le pasa a Vanesa.

  Y de nuevo, podréis dar vuestra opinión vía mail a la dirección info@samixxi.es / avilaensalud@samixxi.es.  En la página de facebook de la Revista Ávila en Salud o en la página de la autora www.facebook.com/miplumavila/.

  En esta historia, aún tenéis mucho que decir.

  Feliz día y mejor lectura!!!!!





  Texto.  Lorena Rodríguez.                Ilustración.  Oskar Salinas.

 


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